Del "Arbeit Macht Frei" (1940) al "Peace be upon you" (2006): boicot a Israel.

Manuel Muriel

El 31 de mayo de 2007, un editorial del Financial Times analizaba la decisión tomada el día anterior por la University and College Union (UCU), el principal sindicato de profesores universitarios del Reino Unido, de boicot académico a Israel por la ocupación militar (desde hacía entonces más de 40 años) de Cisjordania y Gaza (entre otros). A la vez que calificaba de “estúpida” la medida, el prestigioso diario londinense dejaba clara su visión de los hechos: “la ocupación y continua expansión colonial en los territorios palestinos es ilegal, inmoral, contraproducente para Israel e incendiaria para Oriente Medio.”
Lo relevante del boicot a Israel en la actualidad es que se lleva a cabo no desde instancias gubernamentales sino desde la sociedad civil en países occidentales. Probablemente por la constatación de la incapacidad, o falta de voluntad, de Europa y, sobre todo, los EE UU, de poner término a un conflicto que desde 1948 – cuando terminó el Mandato Británico – amenaza la paz y la estabilidad mundial. Esto lo ha comprendido Jimmy Carter, ex Presidente de los EE UU, autor de Palestine: Peace not Apartheid (2006).



El boicot es una medida in extremis que no siempre da resultado. En este caso, sin embargo, parece que sí; al menos en forma de concienciación sobre la situación del pueblo palestino y la violación sistemática de los Derechos Humanos y la legalidad internacional por Israel; un estado en posesión de armas de destrucción masiva – unas 200 cabezas nucleares (IISS Londres, 2006). Creado en 1948 bajo los auspicios de la Asamblea General de las Naciones Unidas (a la que ahora acusan de antiisraelí), ha conseguido en ocasiones – especialmente con la administración de G.W. Bush – nada menos que alinear la política exterior de la Casa Blanca con la suya propia.
Lo singular de la brutal colonización de Palestina es que, a diferencia de las potencias europeas en el pasado, Israel no tiene por fin “llevar la civilización a un pueblo atrasado”, ni mucho menos expandir el dominio de su fe (que apenas si admite conversos), sino desposeer y expulsar a la población autóctona de su tierra (cuando no demoler sus viviendas). Además, ha llegado tarde a la era de las colonizaciones, terminada precisamente cuando Gran Bretaña cedía a las Naciones Unidas el control de Palestina. Tras ello vendría la partición del país, cuyas dos partes están bajo control israelí desde 1967.
Desde la privación a la población ocupada de los derechos civiles, incluso aquéllos tan básicos como la ciudadanía o la movilidad (los palestinos viven en bantustanes sellados); hasta la brutal represión de la resistencia (como hacía la Alemania hitleriana en sus territorios ocupados); pasando por los castigos colectivos, la segregación étnica – carreteras y poblaciones (en los territorios ocupados) sólo para judíos – y el Muro del apartheid, condenado por el Tribunal Internacional de Justicia de las Naciones Unidas (2004); las únicas leyes que el estado sionista parece obedecer son la del Talión y la del más fuerte.

Junio de 2010


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